Los últimos días antes de morir, Ezequiel tenía momentos de lucidez y momentos de delirio. Podía estar hablando normalmente y de repente perder el hilo de la conversación.
Estaba durmiendo cuando llegué a la habitación, la abuela aprovechó mi arribo para ir a tomar un café.
Me senté al lado de la cama y le tomé la mano, mientras se la acariciaba se despertó.
—¿Sabés? Yo te enseñé a caminar.
—Sí, lo sé.
—Vaya paradoja, yo te acompaño en tus primeros pasos, y vos me acompañás en los últimos...
—No digas boludeces, Ezequiel.
Sonrió. Cerró los ojos un rato, cuando los volvió a abrir me dijo:
—He visto cosas que ustedes no creerían. Naves de ataque ardiendo sobre el hombro de Orion...
Está delirando otra vez, pensé. Volvió a sonreír, me apretó la mano. Cerró los ojos y se quedó dormido.
Nunca más los volvió a abrir.
Después que murió Ezequiel nos convertimos durante un tiempo en una familia de fantasmas. Pasábamos por la casa sin vernos. Sin hablarnos.
Hay una cosa que admiré de Ezequiel. A pesar de todo nunca perdió el entusiasmo, ni la alegría. Nunca se entregó. —Ninguna enfermedad te enseña a morir. Te enseñan a vivir. A amar la vida con toda la fuerza que tengas. A mí el SIDA no me quita, me da ganas de vivir.
Al mes del entierro de Ezequiel, la abuela vino a verme.
—Antes de la internación, Ezequiel me pidió que te diera esto. Y me dio un video casete. Era Blade Runner.
—He visto cosas que ustedes no creerían. Naves de ataque ardiendo sobre el hombro de Orion.
Rayos "C” brillando en la oscuridad cerca de Tannhauser.
Todos esos momentos se perderán en el tiempo, como lágrimas en la lluvia. Es hora de morir.
—No sé por qué me salvó la vida. Quizás en los últimos momentos amó la vida más que nunca.
No sólo la suya, la de cualquiera... la mía. Buscaba las mismas respuestas que buscamos todos.
¿De dónde vengo? ¿Adonde voy? ¿Cuánto tiempo tengo? Y sólo pude verlo morir.
El agua, las piedras, los árboles, el viento, son los mismos.
Yo ya no soy el mismo.
Ya no me pregunto cómo será mi destino.
Le debo a Ezequiel el haberme enseñado que la vida no es más que eso:
asomar la cabeza para ver que pasa afuera , aunque haya tormenta. Y una Suite de bach .

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